Por segunda vez este año mi amigo Juan Manuel Rosés me honra pidiéndome que le escriba un artículo para su columna habitual en esta publicación. Sin duda lo que para mí es un honor para el lector será una decepción pues de nuevo voy a privarles de su afilada pluma y de sus acertadas opiniones, las del señor Rosés, por supuesto. En ningún momento pretendo yo emular a “Juanma” ni me planteo en absoluto ponerme a su altura ya que no está a mi alcance, pero intentaré desempeñar el encargo lo más dignamente posible, cosa que, aunque parezca sencilla, entraña más complejidad de la que a priori se le supone.
Para empezar lo primero que hay que hacer es elegir un tema a desarrollar que pueda tener un mínimo de interés para alguien y del que yo pueda hablar con algún fundamento, ¡ahí va eso! Así que ya me ves a mí, que en general no tengo mucha idea de nada, discurriendo para dar con algo de qué hablar: ¿El cambio climático?…No tengo conocimientos suficientes para este tema ni tiempo para ahondar en las controvertidas teorías que lo avalan o lo minimizan, ¿La crisis catalana?…mejor que no. Ya se han dicho y hecho demasiadas tonterías por ambas partes en este asunto como para que venga yo ahora a añadir las mías, ¿El nuevo estilo de gobierno instaurado en la Casa Blanca desde la llegada de Donald Trump?…Dios nos guarde…, además, ¿qué estoy diciendo?, esto no es una columna de actualidad política así que busquemos otros temas que cuadren mejor con la actividad que acometemos en ASISTED, quizá la inversión de la pirámide de población, quizá la mengua de la hucha de las pensiones o la aplicación sobre el terreno de la Ley de la Dependencia… No lo sé, me gustaría algo más original.

“Siempre puedes editar una mala página
pero no una página en blanco.”

Jodi Picoult

Sigo sin dar con el asunto y empiezo a zozobrar. Agobiado por el vencimiento del plazo acordado para la entrega de este artículo (faltan cinco días) pido consejo a amigos y parientes, a decir verdad sin mucho éxito ya que en estos tiempos que corren cada cual va a lo suyo y el personal no está para cuentos literarios y ante mi requerimiento se me han sacado de encima, más o menos cortésmente, sugiriéndome cualquier cosa sin pensarlo demasiado. Si no sabes de qué hablar habla del tiempo, me ha dicho alguno, es lo que se suele hacer en estos casos, ha añadido. Otros amigos me han aconsejado temas absurdos o ridículos y hasta ha habido uno que me ha sugerido que hable de las nuevas tecnologías y de las redes organizadas de intoxicación de noticias que al parecer existen, ya ven, a mí, que no tengo WhatsApp ni Facebook ni Instagram y a duras penas me apaño con mi teléfono móvil de primerísima generación. Incluso mi hija de veinte años me ha mirado con cierta dosis de altanería y con un punto de revanchismo, me ha despachado con un -¿hablar tú?, pero de qué quieres hablar si hablar contigo de cualquier cosa es imposible.-
Descorazonado y lleno de dudas sobre qué escribir y a cuatro días de la entrega Juanma me interpela sobre la temática de mi artículo y yo no sé qué responderle. Ningún asunto de los que se me han ocurrido me ha parecido suficientemente sugestivo y aquellos que me lo parecen me resultan tan desconocidos que no me atrevo a abordarlos. Sin embargo, aferrándome a esos cuatro días de plazo que me quedan, replico a Juanma – Todavía no lo sé pero no te preocupes que tendrás tu artículo a tiempo.-
-Ya,- responde él –Pero el dibujante necesita conocer el tema para la ilustración.-
Pánico. Silencio. Vacío total. Juanma se impacienta, y yo evoco las palabras de mi hija cuestionando mi capacidad para hablar de nada. Y suelto lo primero que se me pasa por la cabeza.- ¡Vale!, ya está, voy a hablar de los hijos.
A tres días para la entrega ya tengo tema y delante una pantalla de ordenador en blanco. “Terror vacui” lo llaman, es el miedo que experimenta el autor de una obra, por modestísima que sea como este artículo, ante el papel o el lienzo en blanco. ¿Será este autor capaz de expresar exactamente lo que desea transmitir? -¿Pero qué deseo transmitir?- Realmente no lo sé, y aunque lo cierto es que en mi caso la elección del tema no ha sido fruto de una reflexión pausada, y por tanto no lo he madurado ni estructurado convenientemente, no consigo encontrar discurso alguno. Me consuelo con esta coartada ante mi falta de imaginación.
Quedan dos días para la entrega. Papel en blanco. Ya que la cosa va de hijos dejo que mi mente bucee brevemente por los recuerdos de mi infancia y de la infancia de mis hijas en busca de paralelismos que puedan ser elevados a categoría de género. No los encuentro. Retorciendo un poco más las meninges intento encontrar alguna anécdota digna de ser comentada pero sinceramente creo que no debo seguir torturando a los lectores con más tonterías.

“Escribir es un oficio que se aprende escribiendo.”

Simone de Beauvoir

Hoy es el último día. La angustia es total. En un desesperado intento por ordenar mis ideas y plasmar algo en el papel tiro de lugares comunes para buscar un hilo conductor a mi relato: Los hijos son rebeldes, los hijos no escuchan a los padres, los padres proyectamos nuestras frustraciones en nuestros hijos… Todo esto está bien pero muy original no me parece, aunque, bien pensado, podría valer siquiera para dar sentido a la ilustración que ha hecho el dibujante. Por lo menos él ha sabido cumplir con su cometido.
Con tristeza empiezo a admitir que mi hija lleva razón y que carezco de capacidad para expresarme, espero Juanma que tomes buena nota de ello.
Sin embargo voy a hacer un último intento de escribir algo que sí me parece importante destacar sobre los hijos, algo que tiene tanto de esperanzador como de sobrecogedor, y es que nos guste o no LOS HIJOS SON NUESTRO FUTURO. Lo comprobamos a diario en ASISTED, por fortuna en nuestro caso en un sentido positivo, observando de qué modo los hijos velan por sus padres tanto en primera persona como delegando funciones en los cuidadores profesionales.
Al final si algún valor tiene este artículo, y con esto me libero de mi responsabilidad y de mi incapacidad, es este consejo: Cuídense ustedes de inculcar valores positivos a sus hijos, les va en ello el futuro.

Eduardo Barón,
Coordinador de ASISTED

Octubre 2017