Desde la antigüedad ha existido un ferviente interés de muchas personas por conocer anticipadamente lo que ocurrirá en el futuro. Ya en Egipto los todopoderosos faraones tenían la inquietud y la ansiedad por conocer el futuro y lo impredecible. Por ello recurrían a videntes y adivinadores que garantizaban poseer la capacidad de predecir los hechos venideros a través de sueños y otros sortilegios y así influían en sus políticas y estrategias de poder. Los judíos recibieron o tomaron muchas de estas prácticas adivinatorias de los egipcios y se las comunicaron a los griegos que a su vez se las traspasaron a los romanos.
De hecho todas las civilizaciones a lo largo de la historia hasta la actualidad han existido prácticas de videncia, a pesar de que se haya impuesto globalmente el pensamiento del empirismo científico como explicación más aceptada de los hechos.

“La astrología representa la suma de todos
los conocimientos psicológicos de la antigüedad.”

Carl Gustav Jung

Las técnicas de adivinación y videncia han sido múltiples y además con infinidad de variantes, muchas de ellas son consecuencia de las costumbres arraigadas en la cultura popular de numerosos países en los cinco continentes
Entre los múltiples medios que se han utilizado para ver el futuro se puede señalar como más destacada; la astrología, la hidromancia (a través del agua), la calcinomancia (a través del fuego), la invocación a los muertos, las entrañas de los animales, la interpretación de los sueños, las líneas de la mano y la cartomancia. Esta última está muy presente en la actualidad gracias a los programas de televisión del tarot.
La cartomancia es una forma de supuesta adivinación o predicción del futuro por medio de una baraja de naipes u otro tipo de cartas como por ejemplo el tarot. En la cartomancia la simbiología representada en cada naipe o carta permite a la persona que las interpreta, a la cual se le presumen ciertas capacidades o dotes premonitorias, tener una revelación. A partir de esa revelación el vidente debe ayudar a la persona que le pide información a través de las cartas. En particular, si nos centramos en el tarot como medio de adivinación podemos decir que sus orígenes datan al menos del siglo XIV. Que la baraja del tarot está compuesta por 78 cartas divididas en Arcanos mayores y menores, Arcano proviene del latín y significa misterio. Según algunos historiadores el tarot surge entre los cátaros y la cultura occitana. Otros autores afirman que los gitanos en su continuo movimiento nómada lo promovieron por toda Europa como una práctica adivinatoria. Esto sin duda le confirió un marcado componente esotérico del cuál nunca se ha desprendido, por mucho que psicólogos como Sallie Nichols, discípulo de Carl Jung, integrara el tarot en la psicología analítica en virtud del principio de sincronicidad, por el que la mente humana es capaz de intuir el presente, el pasado y el futuro en el momento de tirar las cartas.

“Las pabras que no van seguidas de hechos
no valen nada.”

Esopo

El fraude es un engaño económico con la intención de conseguir un beneficio. Es contrario a la verdad y a la rectitud y moral que debe presidir todo intercambio.
Esta última parece una buena definición de lo que es el tarot televisivo en este país. Una actividad muy lucrativa que se sustenta en la libertad de creencias muy lícita y respetable, pero que no puede tapar una manera tan descarada de engañar a las personas, por mucho que estas consientan voluntariamente en recibir los servicios de los videntes. Incluso sin cuestionar que existan personas con capacidades visionarias y adivinatorias, resulta poco creíble un sistema que funciona como si fabricaran churros, los vaticinios se producen uno tras otro sin solución de continuidad. Los videntes más que un don, parece que posean un mecanismo de videncia permanente que controlan a voluntad. Pero tanto la información que proporcionan como su puesta en escena son burdas y muy poco consistentes. Lo que no les resta para nada respecto a la satisfacción de sus clientes, ya que la mayoría están convencidos de antemano de la verosimilitud y bondades del servicio.

Juan Manuel Rosés Cudinach
Abril 2018