Un partido político es una asociación de personas unidas por compartir unas ideas sobre
como debe ser la realidad social, basándose en unos principios y unos valores comunes. Para conseguir concretar en objetivos y hechos esos ideales se persigue el poder político y el control de las instituciones y organismos públicos más representativos de la sociedad.

El origen de los partidos políticos se remonta a los procesos revolucionarios liberales con el precedente del parlamentarismo inglés que llevo a la política el derecho a participar del pueblo. Más adelante con la revolución francesa aparecieron grupos como los monárquicos constitucionalistas, los girondinos y los jacobinos que acabaron transformándose en partidos que se erigieron como piezas básicas de la relación entre Estado y sociedad.

“La política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los remedios equivocados.”

Groucho Marx

En general los partidos que se constituyeron en los Estados liberales europeos se caracterizaron por ser organizaciones de cuadros, comités y fidelidades personales.

La democratización de algunos Estados liberales a finales del siglo XIX junto con el reconocimiento del sufragio universal provocó un cambio radical en la estructura de los partidos. Pero el verdadero cambio en la esencia y en el sentido de los partidos se produjo con la irrupción de las ideas socialistas. Esto supuso que algunos partidos introdujeron en la política ideas sociales en defensa de los derechos de las personas más desfavorecidas, dejando a un lado los intereses personales que hasta ese momento habían prevalecido en la política.

Los partidos socialistas fomentaron la educación de las masas para que se generara conciencia social de los derechos y deberes tanto individuales como colectivos, y así conseguir adeptos a la causa favoreciendo la afiliación. Los partidos crecieron y se crearon estructuras burocráticas estables que acabaron convirtiéndose en organizaciones piramidales profesionalizadas donde el político hace de su actividad su vida.

A lo largo del siglo XX los partidos fueron tomando protagonismo como las entidades más representativas del poder político de los países democráticos e incluso de algunos autoritarios. Esto significa que colaboraron decisivamente en favorecer desde el poder el desarrollo económico, la educación, la sanidad pública y en definitiva el bienestar social, persiguiendo construir sociedades más justas, libres e igualitarias. Pero también fueron y siguen siendo corresponsables de los problemas que se generan con el funcionamiento político y económico de la sociedad.

Es evidente que no todo se puede solucionar desde el poder de un gobierno o de un parlamento, ya que es imprescindible la cooperación de la población para que los conflictos sociales se gestionen de la mejor manera posible.

Los partidos no solo deben ser un ejemplo de ética aplicada en las acciones políticas y en los comportamientos personales sino también de transparencia y democracia interna para demostrar coherencia entre lo que se predica y lo que se practica.

Es importante que abandonen los vicios que los caracterizan en lo últimos tiempos porque les resta credibilidad así como autoridad moral y les confiere falta de legitimidad.

“Se parecen tanto unos a otros los partidos,
que la única manera de distinguirlos es ponerles colores.”

Rafael Barrett

El populismo demagógico, una estrategia fundamentalmente electoral, la falta de voluntad para acabar con la corrupción y los hábitos poco democráticos son algunos de los debes que se pueden encontrar en demasiadas ocasiones en la mayoría de los partidos que representan el espectro político actual.

La democracia sea participativa o representativa necesita mejorar y revisarse constantemente para que sea un verdadero sistema de justicia, de igualdad y de ecuanimidad. Los partidos tienen la responsabilidad de ser los garantes de estos valores y ser capaces de gestionarlos de una forma óptima..

La política no es una ciencia fácil de administrar, porque se conjugan intereses contrapuestos, diferentes opiniones y valores diversos. La honestidad es una condición ineludible para ejercer la política, junto con la ética y otros valores y virtudes que, por lo que parece, adolecen muchos de los políticos que nos representan.

Julio 2017