Dignificar significa reconocer el valor que ya es inherente a una persona, que por cualquier motivo o circunstancia haya visto menoscabada su consideración. Este reconocimiento le reviste de respeto por su condición humana. También pueden contemplarse como dignas las cosas y las actividades a las que se aprecie por si mismas cualidades humanas.
Una persona pierde su dignidad si se deja utilizar por otros, y es instrumentalizada y menospreciada por los demás. La dignidad, también se pierde al cometer actos indignos por viles y crueles. Al carecer de dignidad todo ser humano puede sentirse fácilmente humillado al no valorarse sus cualidades intrínsecas.
Por ejemplo, los esclavos eran considerados como simples objetos o utensilios de trabajo que estaban completamente sometidos a la voluntad de su amo y a su entero servicio, siendo degradados sistemáticamente. No es necesario remontarse a la antigüedad para encontrar situaciones donde el ser humano ve degradada su condición de persona. Las guerras que destrozan tantas vidas y comportan tanto sufrimiento, además suponen muchos daños colaterales como el hambre, las epidemias que no se atajan por falta de recursos sanitarios, los campos de refugiados donde las personas sobreviven en condiciones muy poco dignas, por no decir inhumanas. Tampoco hace falta ir muy lejos para ver personas sufrir por vivir situaciones poco dignas. La inexistencia de medios económicos combinada con enfermedades, adicciones o un envejecimiento que produce incapacidad o falta de autonomía ocurre con demasiada frecuencia y propicia que una parte de la población lo pase muy mal.

“Una nación no debe juzgarse por cómo trata a sus ciudadanos con mejor posición, sino por cómo trata a los que tienen poco o nada.”

Nelson Mandela

Los servicios sociales están en teoría encargados de auxiliar a la población que demanda ayuda por carecer de medios propios para cubrir necesidades básicas, que pueden ser desde servicios socio-sanitarios hasta recursos para obtener una vivienda social. Esta labor social es imprescindible para mantener mínimamente el llamado estado del bienestar. Porque si existe una parte de la población que no puede acceder a los recursos sociales o estos son insuficientes para que no se vea abocada a vivir en condiciones poco dignas, se tendrían que plantear muchas cuestiones políticas y sociales al respecto.
¿Hasta qué punto un Estado Social de Derecho puede aceptar tener un porcentaje de la población marginada y sin oportunidades para integrarse social y económicamente?
¿En qué grado es responsable un ciudadano de sus infortunios y de las consecuencias que se derivan de estos para él y a su familia?
¿Qué papel ha de desempeñar la administración pública como garante y supervisora del funcionamiento del sistema de economía de mercado. Control de los abusos y las desigualdades?
¿En qué medida la responsabilidad social de las empresas ha de participar en la creación de un sistema económico y social más justo y equitativo?
¿Qué porcentaje de culpa tienen los países más desarrollados en la miseria que sufren los más pobres?
¿El sistema económico de mercado genera inevitablemente desigualdades entre la población?

“Al parecer, la dignidad de la vida humana no estaba prevista en el plan de globalización.”

Ernesto Sabato

Todas estas cuestiones ponen de relieve que la dignidad depende de muchos aspectos de la vida de una persona, unos que son completamente de la responsabilidad de cada uno y otros que dependen del entorno social, económico y político.
Seria utópico pensar en un mundo en el cual toda la población tuviera unas condiciones de vida dignas y todos nos comportáramos con respeto y ecuanimidad, pero solamente si fuéramos capaces, aunque sea un instante, de ponernos en la piel de los que sufren humillaciones y viven con precariedades de todo tipo, crearíamos entre todos un mundo mejor.

Juan Manuel Rosés Cudinach
Mayo 2018